Rafel Vaquer
(Palma de Mallorca, 1957)
Como ocurre con las profesiones vocacionales, su obsesión por el dibujo comenzó desde muy pequeño. Entonces ya imitaba a sus personajes favoritos de los tebeos de editorial Bruguera. Nunca fue fan de superhéroes, ni de Jabatos o Capitanes Trueno; tenía claro que lo suyo era el humor y especialmente las historias sacadas de la vida cotidiana que presentaba Bruguera.
Ese universo poblado de familias, porteras, pobres y agentes secretos creado por Escobar, Vázquez, Raf, Schmidtz y también Ibáñez, marcó su estilo. De ahí nacieron sus historias sobre tribus urbanas (Johnny Roqueta, El Jueves) y demás historias cotidianas. La realidad, por absurda o idiota que sea, siempre le ha parecido más interesante que la ficción. Ese es el terreno donde se siente más cómodo.
Tenía clarísimo que quería trabajar en la editorial Bruguera, así que buscó una excusa para mudarse a Barcelona. Se matriculó en Ciencias de la Información, por ejemplo, y se plantó allí con una carpeta llena de dibujos y dispuesto a trabajar. Empezó colaborando en Bruguera, primero en solitario y luego junto a otros profesionales, como Raf, de los que aprendió. Al final, hasta terminó la carrera. Editorial Bruguera, en cambio, no tuvo tanta suerte y acabó desapareciendo.
El cómic, a diferencia de otras artes, no busca estar colgado en una pared para ser admirado a distancia. Su objetivo es llegar al lector, vender muchas copias, circular. Se trata de contar historias, y solo tiene sentido cuando esas historias encuentran a quien las lea.
Rafel Vaquer lleva toda la vida dibujando. Ha expuesto en solitario y en colectivo en Mallorca (Casal Solleric, Museo Diocesano, La Misericordia, Ses Voltes…) y también en plazas como Andorra, Querétaro, Ourense, Ávila, Avilés, Tánger, Barcelona, Madrid… y otras tantas que ya ni recuerda.
Hay una frase que suele repetir mucho, sobre todo a sus alumnos: «Muchas cosas se hacen simplemente porque nadie sabe que son imposibles. Y funciona».
