David Torres de Miguel
(Santa Cruz de Tenerife, 1986)
Desde muy temprana edad sintió atracción por el dibujo y la pintura, teniendo oportunidad de explotar ese potencial que da imaginación en etapas tempranas de la infancia. Cierto es que, con el paso del tiempo y el ritmo y frenesí de la vida, se fue desentendiendo poco a poco sin llegar a abandonarlo por completo.
Pasó a dedicarse a otros menesteres como la salud, el deporte y viajar por todo el mundo, inmiscuyéndose en las diferentes culturas, absorbiéndolas y aprendiendo de ellas… Lo que le llevó a abrir su perspectiva y visión de la vida.
Desde pequeño también ha sentido una atracción especial por el mar. De hecho, el resto de su vida ha estado ligado a él, con tal determinación que en muchos le ha ayudado a evolucionar como sujeto, ya que continuamente le ofrece sutiles enseñanzas que puede extrapolar a cualquier ámbito de la cotidiana y mundanal vida.
Tuvo una experiencia cercana a la muerte, con trastornos musculoesqueléticos derivados de la misma, que se han ido prolongando a lo largo del tiempo. A pesar de ello, esta le llevó a emprender el viaje más importante que podría haber realizado sin duda alguna: hacia dentro, hacia los confines de sí mismo, un viaje introspectivo que ya dura 6 años y, gracias al cual, ha conseguido evolucionar, volver a encontrar ese equilibrio y esa felicidad que tenía mientras dibujaba y pintaba cuando aún era un niño.
Así, ha dado la mano a todos aquellos miedos que se han ido acumulando a lo largo de su vida, aceptando para poder continuar. Gracias a esto, ahora dibuja y pinta sin temor a cometer fallos, con la mente despierta y liberada de prejuicios… Mira al lienzo con “la taza” vacía, dispuesto a llenarla de conocimientos. Ahora sabe que quiere dedicar el resto de su tiempo a este noble arte, del que se considera un caminante y del que siempre será un eterno aprendiz.
